Escultura
Las formas tridimensionales
En nuestra experiencia artística con nuestro alumnado hemos sido unos privilegiados. Tuvimos la posibilidad de poner el arte en el centro de nuestra enseñanza desde el bachillerato ARTÍSTICO. Teníamos un material educativo publicado en la Editorial Everest escrito por nosotros para los cuatro cursos de la ESO, junto con las guías didácticas para el profesorado, junto con publicaciones de la Junta de Andalucía como «Pintores en el aula» y «Escultores en el aula», y exposiciones nuestras en la ciudad con el ColectivoArte90, esto nos permitió que el alumnado estuviese más motivado por el arte.
Siempre pusimos por delante el espíritu crítico y la actualización didáctica.
Desde nuestros comienzos en el IES Rafael Alberti, Pedro Muñoz Seca en el Puerto de Santamaría, en Bahía de Sanfernand0 y el Jorge Juan en San Fernando de Cádiz, nuestras alumnas y alumnos han destacado por implicarse creativamente en cuestiones humanas y su interés en imaginar mundos posibles.
Los procedimientos tradicionales
En nuestros talleres artísticos, en la asignatura de Volumen y más adelante en Escultura, te garantizamos que los procedimientos y técnicas tradicionales se complementan a la perfección con las nuevas tendencias del arte
La escultura
Los procedimientos escultóricos nunca han sido un fin en sí mismos, siempre han estado vinculados con la teoría del arte, filosofía, semiótica, cultura visual, psicología del arte, geometría etc. Autores como R. Krauss, Foster , Eco, Grupo m, Danto, Virilio, etc., han sido textos leídos en clase como apoyo para que el alumnado pudiese construir su portafolio.
¿Por qué amamos el arte?
El arte es consustancial al ser humano, ha sido y será parte esencial de nuestro desarrollo, el determinismo tecnológico nos lleva a la perdición al futuro sin sentido. Amamos al arte por que amamos la vida como un todo en equilibrio donde lo humano tiene un gran potencial y nuestras alumnas y alumnos son el futuro ahora
Opio (2003): un “gambito” en un espacio imposible
Opio es un proyecto que Joana Vasconcelos realizó para la Fundación NMAC, ubicada en Vejer de la Frontera (Cádiz). La propia fundación declara como objetivo “crear un espacio de diálogo y reunión entre el arte contemporáneo y la naturaleza, en el entorno natural de la Dehesa de Montenmedio. Durante estos años, hemos tenido el privilegio de recibir a artistas de todo el mundo y de trabajar con ellos en proyectos realizados in situ, teniendo en cuenta el contexto social, cultural, político y medioambiental que nos rodea, a medio camino entre Europa y África. De esta forma, se ha consolidado una colección única de esculturas e instalaciones al aire libre.”
Sin embargo, más allá de esta declaración institucional, la obra de Vasconcelos despliega un tipo de fricción que obliga al espectador a reconsiderar las relaciones entre arte, entorno y discurso ideológico. Es en esa fricción donde reside el verdadero interés crítico de Opio, cercano a nuestra visión del arte como vuelta a lo real y a su poder retórico basado en la alegoría que como se puede ver es una columna vertebral en este Blog. Al final presentamos unas referencia bibliográficas y notas sobre estos conceptos que resaltamos en cursiva.
Un aparente acercamiento
La obra fue retirada de la exposición permanente durante el curso 2003–2004, poco después de la visita que realizamos con nuestro alumnado. Opio es un proyecto concebido como arte específico para un emplazamiento concreto dentro de un itinerario natural —un walked scape— junto a otras intervenciones. En una primera lectura, podría interpretarse como una obra que integra de forma armónica la zona del campo de golf con la naturaleza en su estado más puro: un puente entre dos espacios que, a primera vista, se presentan como antagonistas.
Bajo esta perspectiva inicial, Opio podría entenderse como un túnel metafórico que conecta dos ecosistemas profundamente distintos: el “green” artificial del golf y el bosque mediterráneo salvaje. Parecería así que la artista busca explorar el conflicto entre ambos para, finalmente, proponer un punto de intersección donde natural y artificial dialoguen sin imposiciones. Sin embargo, esta lectura solo funciona como aproximación superficial.
La realidad: tensiones y contradicciones
Esta visión idealizada se quiebra al advertir la carga semántica de los elementos escogidos por la artista. En primer lugar, la elección del fútbol —y sus porterías— no es inocente: se trata de un deporte con una fuerte tradición competitiva, históricamente asociado a la masculinidad, el negocio y el espectáculo masivo, con frecuencia derivado en aborregamiento y pasividad social.
Por otra parte, el campo de golf representa no solo un paisaje artificial sino también un modo de explotación intensiva de recursos naturales. Su mantenimiento implica un consumo hídrico extraordinario, una huella ecológica significativa y un modelo de ocio exclusivo, reservado mayoritariamente a élites económicas.
La red utilizada en la instalación introduce un tercer elemento simbólico: remite a labores textiles tradicionalmente femeninas, al trabajo manual y a una cultura del cuidado. Finalmente, el título Opio —una referencia directa a una droga adictiva con efectos de ensoñación, relajación y distorsión de la percepción— introduce un nivel de lectura crítico que desestabiliza cualquier interpretación conciliadora de la obra.
El arte como vehículo crítico
Lo que nos interesó de la instalación no fue un posible deseo de armonía, sino precisamente este conjunto de contradicciones que la componen. Clarificamos, no obstante, que todo análisis es únicamente un acercamiento, nunca una interpretación cerrada: como señalaba Umberto Eco, nos situamos ante un arte de ratio difficilis, donde los significados permanecen abiertos y los vínculos jamás son únicos.
Aplicaremos un sencillo método semiótico que distingue entre grado percibido (los elementos o categorías visibles) y grado concebido (los significados pertinentes que el lector desde su propio encuadre histórico, social y cultural puede asociar a dichos elementos). Este método ha sido empleando en nuestras clases de Teoría de la Imagen y Cultura visual durante muchos años.
Grado percibido:
/cesped/, /porterías blancas de fútbol/, /malla/, /donuts textiles/, /fondo natural/ y /campo de golf/.
Grado concebido:
/césped/ → zona de juego, territorialidad, artificio…
/porterías de fútbol/ → competición, victoria, negocio, aborregamiento de masas, deporte históricamente masculino…
/malla/ → tránsito, paso, fragilidad, labores femeninas…
/donuts/ → alusión directa a la vulva, símbolo feminista, reapropiación del cuerpo femenino…
/fondo natural/ → naturaleza protegida, espacio salvaje, territorio no intervenido…
/campo de golf/ → actividad no ecológica, extractivismo, turismo elitista…
Invitamos al lector a elaborar su propia lista de percepciones y significados, y a explorar los vínculos posibles entre ambos niveles (el concepto de ratio de u. Eco). El ejercicio revela la riqueza polisémica de la obra y evidencia la imposibilidad de una lectura unívoca. Por este motivo, somos defensores de que una lectura no empobrece una obra de arte. Las lecturas, siendo pertinentes, la enriquecen porque favorecen el debate y el enriquecimiento mutuo incluido el profesor. No puedo contar el número de veces que una/o alumna/o ha enriquecido con su interpretación la visión que teníamos de una obra de arte.
La intención crítica del proyecto
¿Ha elegido Vasconcelos el fútbol —un deporte por tradición fuertemente falocentrista— para unir armónicamente dos espacios disyuntos? Todo indica que no. Su elección parece apuntar a una crítica directa.
La red, construida en los vértices de su maya rectangular con formas toroidales que evocan explícitamente la vulva femenina como símbolo o semióforo femenino: un signo que irrumpe para disputar un espacio simbólico tradicionalmente masculino. Su corto itinerario tejido y cosido, suspendido entre dos porterías, subraya la precariedad histórica de las labores femeninas en un sistema patriarcal.
Asimismo, el contraste entre el bosque mediterráneo y el campo de golf evidencia dos lógicas opuestas: la lógica ecológica de lo natural y la lógica extractiva del disfrute privado. Tal como señala Armando B.Según Armando B. Ginés “Una instalación de golf de 18 hoyos ocupa una superficie de 60 campos de fútbol y necesita al año 18 mil millones de litros de agua, un consumo equivalente al de ciudades del tamaño de Pamplona o Salamanca. En Andalucía, el doble. El caudal mínimo se sitúa entre 24 y 35 litros por segundo”. La obra, al situar ambas realidades frente a frente, revela una desigualdad estructural disfrazada de paisaje.
La propia dinámica del fútbol añade otra capa de significado: en este juego “siempre” hay un ganador. Las porterías enfrentadas remiten, por tanto, a tensiones irreconciliables, no a conciliaciones.
El título: Opio, una clave interpretativa decisiva
En la retórica in praesentia conjunto -propia del readymade- el título es importante en aras de acotar mejor su campo del contenido. Opio remite a la adormidera, planta de múltiples usos farmacológicos, pero también a una de las sustancias psicoactivas más difundidas y adictivas del mundo. Sus efectos —relajación, euforia pasajera, alteración de la conciencia y, finalmente, pérdida de memoria y confusión— funcionan como metáfora crítica: tanto el fútbol como el ocio elitista del golf pueden entenderse como mecanismos sociales de evasión, espacios de desconexión que ocultan las tensiones reales del mundo extractivo que los sostiene.
La artista, con este título, parece advertir que estos dos mundos —el espectáculo deportivo de masas y el lujo privado— no solo están desconectados de la realidad, sino que producen una realidad alterada, un espejismo colectivo que anestesia la percepción crítica.
bibliografía
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(Primera edición en español.)
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(Edición en español más difundida; no existe edición española.)
Mendieta, Ana. Ana Mendieta. Madrid: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 1996.
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